Estaba en tercer año de primaria en mi primer día de clases; estaba tan emocionado como cada año porque después de tanto tiempo volvería a ver a mis amigos. Platicaba con mis compañeros como si no los hubiera visto en años y reíamos con mucha felicidad, cuando de repente oí que alguien entraba al salón. Tan claros y tan hermosos eran esos ojos que me veían solo a mí, que me quede profundamente hipnotizado por tanta belleza, era una nueva estudiante. Cada año que pasaba, Silvia y yo nos volvíamos mejores amigos aunque lo único que quería era que fuera mi novia porque me había enamorado completamente de ella. Cada día que pasaba, preparaba todo un discurso para decirle lo que sentía por ella, pero no me atrevía. El tiempo se nos vino encima y cuando nos dimos cuenta, ya era tiempo de graduarnos de octavo grado. Desde entonces, no volví a saber de ella, lo que me puso muy triste. Hace medio año platicaba con un amigo de la primaria, y muy emocionados de volver a ponernos en contacto, tratamos de decirnos todo lo que vivimos en solo unos minutos. Nos empezamos a despedir, ya que era muy noche, por lo que le hice una última pregunta: ¿Has sabido algo de Silvia? Y me contesto que sí, y que ella vivía ahora en México aunque no sabía exactamente dónde. Cuando me dijo eso, le conteste que ella siempre fue mi gran amor, y tan rápido como le comente eso, él me dijo que todos los de mi salón sabían que ella estaba muy enamorada de mí, y que de igual manera, ella también hacía todo un discurso para decirme lo que sentía. Aprendí que si sentimos algo, no debemos quedarnos callados. No estoy triste, porque sé que por algo pasan las cosas, pero tal vez la vida se encargue de reunirnos otra vez algún día.
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